Axel, Massa y Máximo Kirchner que no se ponen de acuerdo
La historia amenaza con repetirse en el peronismo. La dinámica interna del espacio vuelve a girar en torno a acuerdos de cúpula y negociaciones cerradas, relegando la legitimidad que emana de las bases. Las experiencias pasadas demostraron los límites de imponer candidaturas surgidas del laboratorio político o de pactos entre sectores; sin embargo, las tensiones entre Axel Kicillof, Sergio Massa y Máximo Kirchner reeditan una disputa centrada en el control de la lapicera, la caja y los espacios en las listas.
Esta interminable novela de aspiraciones, vetos y chicanas mediáticas genera un profundo desgaste en la opinión pública. Mientras la dirigencia peronista consume sus energías en la rosca por el armado territorial y la conducción del aparato bonaerense, la sociedad observa con creciente desapego. Las urgencias cotidianas de la ciudadanía no pasan por la interna partidaria, sino por soluciones concretas a problemas estructurales que golpean día a día: la falta de empleo genuino, el difícil acceso a la vivienda y la creciente inseguridad en los barrios.
El peronismo debe registrar el clima social y corregir el rumbo. Alimentar este espectáculo de internas públicas solo profundiza el distanciamiento entre la sociedad y la política. Es momento de abandonar la sobreexposición mediática, dejar de lado las batallas de egos y construir un mensaje claro de unidad enfocado en la gestión. A la gente no le interesa la novela de los candidatos; necesita respuestas reales a sus necesidades primarias.